Nivel de aplicación del CTE en edificios construidos

Rehabilitación y normativa.

Siguiendo con los artículos dedicados a lo escuchado en el Congreso Patorreb de Patología y Rehabilitación celebrado en Santiago, vamos a exponer algunas consideraciones acerca de las comunicaciones a las que asistimos sobre la aplicación del CTE en edificios construídos.

A los asistentes no españoles o que no desarrollan su actividad profesional en España tal vez este tema les interese poco, pero a tenor de lo expresado por alguno de los conferenciantes portugueses, como Císila Ornelas, Joao Miranda Guedes e Isabel Breda -Vazquez, en su ponencia “Rehabilitacao do patrimonio edificado. A intervencao mínima como modelo”, nos tememos que el encaje entre normativa actual e intervenciones en realidades edificadas siempre es complejo.

En las conferencias acerca del tema, impartidas por técnicos pertenecientes al Instituto Eduardo Torroja, echamos de menos un poco más de concreción a la hora de resolver los temas que suelen aparecer cuando se interviene en un edificio construido. Evidentemente la casuística es infinita, las variables, enormes, pero de alguna manera hay que afrontar la situación. En las ponencias dedicadas al tema se habló mucho de flexibilidad, de que el técnico de alguna manera tendría que evaluar qué partes de la normativa serían aplicables y cuales no. Pero eso casa mal con la burocracia. Para hacer una obra hay que pedir una licencia, y esa licencia tiene que pasar un informe técnico redactado por un arquitecto (o aparejador) que es el que decide si el proyecto cumple o no la normativa actual. Por mucho que los arquitectos que redactan el proyecto piensen o evalúen que tal apartado de la normativa no se cumple por esta o aquella razón el que tiene la última palabra en cuanto si a ese proyecto es o no ejecutable es el técnico de ayuntamiento. Y, evidentemente, éste necesita normas, caminos claros y meridianos por donde sepa que puede circular.

En Galicia, que es el entorno que nosotros mejor conocemos, hay una normativa de habitabilidad, como suponemos que habrá en otros lugares,  que marca entre otras cosas qué tamaños mínimos tiene que tener cada estancia. Para obras de rehabilitación existe la posibilidad de solicitar la excepción del cumplimiento de la norma. Para ello hay unas fichas en las que primero se estudia que tipo de reforma o rehabilitación estamos llevando a cabo (estructural, si afecta a todo el edificio, etc.). A través de esas fichas sabemos si es de aplicación o no la norma. Y en caso que sea de aplicación se puede solicitar la excepcionalidad del incumplimiento de los puntos que no es posible cumplir, con planos, explicaciones, etc., que avalen nuestra opción.

Tal vez se pudiera estudiar un mecanismo parecido para la aplicación del CTE en edificios existentes.

Sería muy útil es que el catálogo de características de aislamiento térmico y acústico de los diferentes sistemas constructivos incluyera los sistemas tradicionales, como los tabiques de entramado de madera y yeso, los forjados de madera, etc., y como mejoran sus características al añadirle determinados elementos o capas, para poder evaluar mejor hasta que punto sería beneficioso implementarlos. Porque lo que está claro también es que en un edificio ya construido la superficie es la que es, y la mayoría de mejoras hacia el cumplimiento del CTE roban superficie útil que en muchos casos es vital para garantizar la habitabilidad.

Hay que pensar también que, por ejemplo, con respecto a la eficiencia energética los edificios rehabilitados consumen mucha menos energía en la fabricación y transporte de materiales porque precisamente aprovechan parte de los elementos que ya tienen. Esto no es cuantificable a efectos del certificado energético o de la obligatoriedad de la instalación de paneles solares, y tal vez sí podría evaluarse.

Lo que está claro es que la normativa referente a la construcción en general está pensada para las obras de nueva planta  y se olvida de las intervenciones en el patrimonio existente. Y en la mayoría de los casos esto o bien hace que se queden fuera de la norma, con lo cual no hay absolutamente ninguna exigencia (lo que tampoco es bueno, creo yo) u obliga a la adopción de unas medidas desproporcionadas técnica y económicamente, lo que acaba llevando a subterfugios y piruetas para intentar acomodar la realidad a las exigencias de la normativa.

Volviendo a la comunicación “Rehabilitacao do patrimonio edificado. A intervencao mínima como modelo” de Císila Ornelas, Joao Miranda Guedes e Isabel Breda -Vazquez, en las que se estudiaba la realidad de un casco histórico Patrimonio de la Humanidad como el de Oporto, y que revelaba que los usuarios de los edificios acaban acomodando la realidad construida a las necesidades y usos propios (donde por ejemplo, el tiro generoso de una escalera común acaba sirviendo de tendedero), nos preguntamos si no deberíamos respetar esta forma de habitar, que es la que es desde hace generaciones, y limitarnos a intentar mejorar algunos puntos de habitabilidad y confortabilidad de los usuarios. Es decir, es muy ambicioso pensar que todas las viviendas se van a rehabilitar o renovar con los parámetros del CTE (o las normativas equivalentes que haya en otros paises), y de las normativas referentes a  habitabilidad, etc. Situémosnos en la realidad. En La Urbana hemos rehabilitado edificios que no tenían cuarto de baño, sólo un inodoro común en las escaleras del edificio. Ésta es, muchas veces, la realidad. Y en los Cascos Históricos y también en las viviendas sociales de los años 50 y 60, de las que hemos visto varios ejemplos de mejora de sus envolventes etc. en otras comunicaciones del Congreso, la realidad socio-económica con alquileres de renta antigua, población envejecida, etc., muchas veces impide plantear intervenciones integrales o profundas porque los usuarios no pueden hacer frente al desembolso económico que conlleva.

Es difícil, en suma, fijar un punto de encuentro entre normativa y realidad existente. ¿Hasta donde es obligado intervenir? ¿Y si no llegamos a ese punto no se interviene? ¿Aunque por ejemplo una vivienda no tenga cuarto de baño?. ¿Qué es más importante? ¿Cómo evaluarlo?

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